La Torre de Babel

La Torre de Babel, de Pieter Brueghel el Viejo.

1 Tenía entonces toda la tierra un solo lenguaje y unas mismas palabras. 2 Y aconteció que, cuando partieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y asentaron allí. 3 Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les fue el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. 4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. 5 Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. 6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado a obrar, y nada les retraerá ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. 8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

La Biblia. Génesis, Capítulo 11.

Published in: on 23/06/2011 at 12:16  Comentarios (1)  

La leyenda de Cambaral

Pirata berberisco

Había subido desde las costas de Argel y Tingitania hasta nuestros mares cantábricos, una pequeña flota de piratas berberiscos que, con sus contínuas incursiones, tenían atemorizados a todos los pueblos de la costa desde Avilés hasta Navia.Los barcos berberiscos, más pequeños , ágiles y ligeros que los grandes barcos de la flota del rey, escapaban de contínuo de todas las persecuciones y parecía que fuera imposible detenerlos nunca.Mandaba la flota pirata un moro llamado Cambaral, famoso por la extrema crueldad que mostraba en sus asaltos y por lo ingenioso de sus ataques. Entre su pericia como capitán y las características de sus embarcaciones, ciertamente, era difícil capturar siquiera alguno de los barcos que componían la flotilla.

Cansado de las tropelías que cometían los berberiscos, el señor de la fortaleza de Luarca, también conocida como La Atalaya, decidió que ya era hora de acabar con ellas y que, dado el fracaso de la flota real, se hacía necesaria una nueva estrategia que facilitara su captura. Embarcando a sus más fuertes y aguerridos guerreros en sencillas embarcaciones de pesca, bien disimulados entre sus aparejos y artes, salieron a la mar a esperar que apareciese la flota berberisca. A pocas millas de Luarca, se pusieron a pescar con la intención de que los moros les viesen como un botín fácil y de que, confiadamente, les asaltaran.

Efectivamente, en cuanto aparecieron los barcos berberiscos y vieron las barcas de pesca, se lanzaron a su ataque.Pero cual no sería su sorpresa, en cuanto se acercaron a ellas, que vieron que de ellas salían decenas de guerreros perfectamente armados y preparados para el abordaje, y que eran las inocentes barcas las que les atacaban ellos y no al contrario, como tenían previsto. El combate fué largo y cruento, pero la sorpresa y maniobrabilidad de las barquillas, dieron toda la ventaja a los luarqueses.

Cambaral fué hecho prisionero, cargado de cadenas y conducido a la fortaleza de La Atalaya, en cuyas mazmorras lo encerraron sin curarle siquiera las heridas.

Mientras el señor de Luarca y sus aliados festejaban el triunfo y preparaban los despachos para anunciarle al rey la buena nueva, la hija del señor, una bella doncella de espíritu generoso y gran corazón, pidió permiso para curar sus heridas y se dirigió a las mazmorras.

Había poca luz allí, pero, parece, no les hizo falta alguna, pues fué verse, siquiera entre las sombras, para que surguiera entre ellos el más puro amor. A pesar de las heridas, o quizás por ellas mismas, Cambaral comenzó a sentir lo que todas su correrías le habían ocultado: que era huérfano de corazón, que sus fechorías no lo había evitado nunca y que nunca lo evitaría, que podía hallar descanso y sosiego, al fin, en este amor que se le ofrecía. La hija del señor, que nunca había sentido las punzadas del amor noble, curó las heridas casi con veneración, pero también con una congoja que la atenazaba, pues conociendo bien a su padre, sabía cual iba a ser el destino de Cambaral y, por ende, más que probablemente, el suyo.
En aquella semioscuridad se declararon su amor mutuo y se hicieron esas promesas grandilocuentes con que los amantes noveles adornan la adversidad. Pero cuando Cambaral, se recuperó de sus heridas, volvió a emerger en él su audacia y su ingenio, que tan bien le habían servido en sus correrías por todas las costas, desde Argel hasta el Cantábrico, y planificó la fuga de ambos.

Fué una huida alocada, sin posibilidades de éxito, practicamente, pero los ojos de los amantes no veían sino el momento en el que su amor podría al fin desplegarse, herirse con sus besos, consumarse en pasión. No veían otra cosa que esa determinación cuando bajaban hacia el puerto desde la fortaleza, escondiéndose en las esquinas, corriendo atropelladamente y buscando, ya en los muelles, el barco de Cambaral que, rápido y ágil como era, hacia ella misma les dirigiría.

Sin embargo, el señor de la fortaleza ya había sido avisado de la fuga y, con un destacamento de tropas, esperaba a los amantes en el puerto. Allí acabaron sus sueños y pusieron a prueba todas aquellas promesas que se habían hecho; viendo imposible la huida, Cambaral abrazó a la hija del señor de Luarca; ambos se miraron como si se estuvieran diciendo algo que no se puede decir (amor que nace a oscuras, oscuro muere); ambos se besaron como si ya nunca más se pudieran besar (ya nunca los labios volverán a soñar)…
Y así fuera que el señor de Luarca, loco de ira, incapaz de soportar aquel beso que para él era blasfemia, de un solo tajo, cortó ambas cabezas, las cuales fueron a escabullirse, en su beso final, a las frías aguas del puerto, justo donde años después se levantaría el llamado Puente del Beso.

Puente del Beso, Luarca (Asturias)

Published in: on 21/06/2011 at 14:51  Dejar un comentario  

¡Bienvenidos a la taberna!

In taberna quando sumus Cuando estamos en la taberna
non curamus quid sit humus, no nos preocupa la muerte,
sed ad ludum properamus, atraídos por el juego,
cui semper insudamus. son para él nuestros afanes.
Quid agatur in taberna Lo que ocurre en la taberna
ubi nummus est pincerna, es que el dinero es copero,
hoc est opus ut queratur, vale la pena saberlo,
si quid loquar, audiatur. escuchad lo que os digo:
Quidam ludunt, quidam bibunt, Unos juegan, otros beben,
quidam indiscrete vivunt. otros obran con descaro.
Sed in ludo qui morantur, Pero entre los jugadores
ex his quidam denudantur muchos quedan despojados
quidam ibi vestiuntur, y mientras unos se arropan,
quidam saccis induuntur. otros se visten de saco.
Ibi nullus timet mortem Nadie allí teme a la muerte,
sed pro Baccho mittunt sortem: por Baco tiran los dados.
Primo pro nummata vini, Primero por quien invita,
ex hac bibunt libertini; beberán los libertinos.
semel bibunt pro captivis, Después por los cautivos.
post hec bibunt ter pro vivis, Luego por los vivientes.
quater pro Christianis cunctis Cuatro por todo cristiano.
quinquies pro fidelibus defunctis, Cinco por los fieles difuntos.
sexies pro sororibus vanis, Seis por los hermanas frívolas.
septies pro militibus silvanis. Siete por los rústicos soldados.
Octies pro fratribus perversis, Ocho por los padres perversos.
nonies pro monachis dispersis, Nueve por los monjes vagos.
decies pro navigantibus Diez por los marineros.
undecies pro discordaniibus, Once por los discrepantes.
duodecies pro penitentibus, Doce por los penitentes.
tredecies pro iter agentibus. Trece por los viajeros.
Tam pro papa quam pro rege Por el Papa y por el rey
bibunt omnes sine lege. todos beben sin límite.
Bibit hera, bibit herus, Bebe el amo, bebe el ama,
bibit miles, bibit clerus, bebe el soldado, bebe el cura,
bibit ille, bibit illa, bebe aquel, bebe aquella,
bibit servis cum ancilla, bebe el siervo con la esclava,
bibit velox, bibit piger, bebe el listo, bebe el tonto,
bibit albus, bibit niger, bebe el blanco, bebe el negro,
bibit constans, bibit vagus, bebe el perseverante, bebe el vago,
bibit rudis, bibit magnus. bebe el ignorante, bebe el sabio,
Bibit pauper et egrotus, bebe el pobre y el enfermo,
bibit exul et ignotus, bebe el exiliado y el extraño,
bibit puer, bibit canus, bebe el niño, bebe el viejo,
bibit presul et decanus, bebe el prelado y el decano,
bibit soror, bibit frater, bebe el hermano, bebe la hermana,
bibit anus, bibit mater, bebe la madre, bebe la abuela,
bibit ista, bibit ille, bebe ese, bebe aquella,
bibunt centum, bibunt mille. beben cientos, beben miles.
Parum sexcente nummate Seiscientas monedas son muy pocas
durant, cum immoderate para que alcancen, cuando desenfrenados
bibunt omnes sine meta. e incesantes, todos están bebiendo.
Quamvis bibant mente leta, Déjenlos beber cuanto quieran.
sic nos rodunt omnes gentes Todo el mundo nos critica
et sic erimus egentes. a pesar de ser tan y así míseros seremos.
Qui nos rodunt confundantur Confúndase quien murmura
et cum iustis non scribantur. y no sea inscrito con los justos.
Published in: on 27/05/2011 at 12:23  Dejar un comentario  
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